Jornada de adiestramiento canino en el parque Samanes

perros

Con frases y moviendo sus patas, los dueños de las mascotas aprenden sobre adiestramiento canino cada fin de semana.

“¡Quieto, stay!” repetía Jonathan Alarcón a su mascota Molly, una de las 30 reunidas a un costado del estadio Christian Benítez del parque Samanes. Él le hacía señas a la perrita para que se quedara quieta. Luego empezó a caminar al repetirle el término “¡fus!”

Eran parte de las palabras que se usaban en las dinámicas con las que cumplían su jornada de adiestramiento canino en el parque. Eran las 09:15 del domingo pasado y los dueños estaban entusiasmados.

Las mascotas de diversas razas relacionándose con sus dueños llaman la atención en las mañanas de fin de semana desde hace casi un mes. Allí, policías de la Unidad de Adiestramiento Canino dividen a los grupos de mascotas y sus dueños en cuatro zonas.

“¿Cómo consideran a su perrito?”, era la pregunta de entrada con que el veterinario Julio Castro indagó a otro grupo de propietarios de canes de mayor tamaño. Ellos se ubicaban junto al patio de comidas en una pequeña loma. Algunos dueños se acomodaban a su charla sobre el cuidado del animal e iban contestando orgullosos que era “un amigo” “fiel” y más halagos. Pero, al preguntarles si portaban el carné de vacunas de sus mascotas, apenas una dueña lo mostró.

Allí, el veterinario les indicó que ese documento debían cargarlo siempre, conocer qué vacunas son indispensables y estar al tanto de lociones para evitar las garrapatas y una buena alimentación. Escuchaban atentos entre los ladridos de los canes.

En otro de los grupos que se acomodaban en un círculo, Charles Ramón fue con su perro de tez negra, Ringo. Con él jugueteaba y se portaba serio al pedirle que le dé su patita. “Hand”, le decía al arrodillarse con una pierna a su costado. Los aplausos y cariños se replicaban hacia las mascotas.

Alejandro Macías, al lograr aquello con el perrito de su novia, Copita, comentó que la mascota antes del curso era malcriada y ladraba a todo quien se le acercaba. En el curso se la notaba mansa, calmada. “Nos han enseñado que los perros perciben todo lo que sentimos, no van a hacer caso si les hablamos suave”, citó.

Y es que a él como al resto, sus instructores les indicaban que les den adiestramiento serio y que deben ser insistentes. Algunos perros se portaban renuentes.

En medio de los grupos que se congregan a hacer ejercicios, el instructor se daba minutos para tomar a esas mascotas rebeldes, se acercaba y brindaba ayuda. “Los perritos no le hacen caso porque no practican”, repetía. Así a los participantes les recalcaba que era necesario la práctica.

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