Familias guayaquileñas han apostado por utilizar espacios en sus patios y azoteas para instalar huertos

Ahorro y salud motivan creación de huertos en hogares porteños

Claudia Salem implementa huertos orgánicos en ciudadelas y zonas rurales. Lleva adelante el proyecto agrícola Yo siembro. Ella inició sembrando en su hogar.

Tomates, berenjenas, lechugas son hortalizas que Claudia Salem tiene sembrado en su domicilio, en un edificio del centro de Guayaquil.

A pesar de que dicha locación a primera vista no parece que albergara un pequeño huerto casero, ella buscó la manera de comenzar a cultivar productos en ese sitio, en el que vive con su esposo y sus tres hijos.

Varias familias guayaquileñas han apostado por utilizar espacios en sus patios y azoteas para instalar huertos o viveros para la siembra de diversos productos alimenticios de ciclo corto y fáciles de cultivar.

La gente usa baldes, tachos viejos, alguna lavacara, o maceteros o maderas descartables para hacer cajoneras. Colocan ahí la tierra del sembrado, el material de desechos y luego siembran.

Carlos Arias, analista del laboratorio de investigación de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), señaló que al estar en el interior de la zona urbana, estos huertos no requieren de uso de plaguicidas, lo que le da un sentido de agricultura orgánica.

Según Arias, una de las razones para que algunas personas decidan implementar estos huertos en los domicilios es por salud. “Por cuestiones de consumir productos más sanos, menos contaminados por pesticidas, plaguicidas, solos o en comunidad se desarrollan estos huertos urbanos”, dijo.

La economía es otro de los factores. “Como los producen ellos mismos tienen un impacto en su economía global, porque no tienen que estar pagando un producto demasiado elevado debido a la transportación, a la especulación, a la escasez, etc.”, expresó el analista.

La pasión por el cultivo de los huertos llevó a Salem a emprender el proyecto Yo siembro, en el cual realiza siembras en diferentes domicilios, zonas residenciales y rurales.

Además cuenta con programas para que niños desarrollen sus propios viveros con kits que incluyen semillas, abono orgánico y pequeños maceteros.

“Yo estoy segura de que si los niños y los adultos comieran más fresco, aprenderían nuevamente a amar los vegetales”, reflexionó Salem.

Antonio Orellana, quien vive en la ciudadela Huancavilca Norte, ubicada cerca al parque Samanes, acomodó en su domicilio su pequeño patio para implementar un huerto.

Allí, Orellana ha sembrado tomate, maíz, pepino, piña, ajo, cebolla, albahaca, hierbabuena. Además usa cáscaras de huevo como semillero.

“Me llama mucho la atención las actividades agrícolas porque en mi empresa yo manejo el tema orgánico y sé de los insumos que se usan para las plantaciones. En los productos que uno consume a diario, uno no sabe qué tipo de tratamiento se usan”, mencionó.

Él forma parte del proyecto Huertos Urbanos Guayaquil que promulga la organización social Generación Positiva.

Juan Carlos Ramírez, de dicha agrupación, expresó que desde hace seis meses se han implementado huertos urbanos orgánicos en más de 50 domicilios de sectores como Las Delicias, Huancavilca Norte, Flor de Bastión. Ellos imparten talleres en diferentes sectores de la urbe

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