Ecuador tiene quince hospitales que disponen de sala de aislamiento.

Sin un tratamiento ni una idea clara de la forma de contagio, la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es puntual: dar especial atención a pacientes con infecciones respiratorias agudas graves (IRAG). De allí parte la guía internacional para la atención de posibles casos del coronavirus (2019-nCoV). Fiebre, tos, dificultad para respirar y necesidad de hospitalización perfilan un caso IRAG. Si existe una conexión con Wuhan -donde surgió la enfermedad-, 14 días antes de la aparición de los síntomas, hay una alerta por sospecha. El aislamiento es la primera disposición. La OMS aconseja usar habitaciones individuales y, en casos de menor gravedad, espacios con más de 1 metro de distancia entre camas. En la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), del Seguro Social, hay 35 camas para dos tipos de pacientes. 25 son para personas en estado crítico y 10 para quienes tienen enfermedades infectocontagiosas o que se transmiten al toser: influenza, tuberculosis y, en caso de confirmarse, coronavirus. En el país aún no se conoce si el ciudadano chino se contagió o no con la nueva cepa. El miércoles 29 de enero de 2020, las autoridades informaron que no cuentan con los resultados de los exámenes enviados al Centro de Control de Enfermedades y Prevención de Atlanta, en EE.UU. Tampoco dieron una fecha tentativa para conocerlos. Sin embargo, en los hospitales en donde se acogería a posibles casos de coronavirus ya se han definido planes de contingencia para recibir a los pacientes y evitar un contagio. En total hay 15 casas de salud que prestan apoyo, en cuatro provincias, entre ellas el HCAM. También el Baca Ortiz, Enrique Garcés, Pablo Arturo Suárez, Espejo y Vozandes, en la capital. En Cuenca, el Vicente Corral Moscoso; en Guayas, el Francisco Icaza de Bustamante, Roberto Gilbert, Naval, Luis Vernaza, etc. Este último, de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, tiene 60 camas en la UCI y la mitad son cubículos individuales. Ahí han atendido casos de IRAG, en su mayoría asociados al virus de la influenza. Estos espacios son marcados con el rótulo ‘aislamiento de contacto’. El anuncio también advierte sobre medidas de prevención: lavado de manos, uso de guantes y batas desechables, desinfección continua y uso de materiales exclusivos. Luis González, jefe del Servicio de Terapia Intensiva, explica que el tratamiento básico consiste en el soporte con oxígeno, por cánulas nasales.

En los casos más complejos aplican ventilación mecánica mediante respiradores. Como medidas alternativas, suelen recurrir a cambios postulares (por ejemplo, boca abajo), para mejorar la oxigenación. “Cuando no hay un tratamiento específico hay que dar soporte para tratar de evitar complicaciones, lograr que pase la enfermedad viral y reducir al mínimo la afectación de otros órganos”, asegura. Las infecciones virales suelen inflamar los pulmones y llenarlos de líquido. Esto, sumado a su impacto sobre el sistema inmunológico, genera infecciones bacterianas, que se combaten con antibióticos. El uso de más fármacos se analiza. Por ahora se realizan ensayos internacionales con oseltamivir, medicina contra la influenza AH1N1, así como con antirretrovirales para elevar el sistema inmunológico. Pero no todos los cuadros se agravan. Algunos no presentan síntomas, como indican reportes internacionales. Esto preocupa a los especialistas. Diana Ramos, del Servicio de Control de Infecciones del Vernaza, asegura que esta particularidad pone en riesgo a personas con enfermedades de base. “En el caso publicado en la revista The Lancet, los 41 pacientes bajo estudio, atendidos en Wuhan, tenían como promedio 49 años. Y los seis que se complicaron tenían diabetes mellitus e hipertensión”. En cuanto a letalidad, el 2019-nCoV alcanza el 2,8%. Es una cifra inferior a sus antecesores MERS-CoV, que causó la muerte de 30 personas por cada 100 afectados; o el SARS-CoV, que alcanzó el 10%, como explica Federico Cabrera, médico del Luis Vernaza.

En el ingreso a UCI del Andrade Marín, en Quito, un guardia se apresura a dar gel antibacterial a los visitantes. Lo hace para evitar infecciones en los pacientes aislados. Fausto Guerrero, médico intensivista y jefe del área, explica que estos cuartos tienen características especiales. Son cerrados y cuentan con un sistema de recambio de aire continuo (10 a 12 veces por hora). Además, poseen filtros de aire, un sistema de ventilación propio que impide que salga el aire contaminado. Es la llamada ‘presión negativa’. “Se reduce el riesgo para el personal y otros pacientes”. Esas habitaciones tienen dos partes: antecámara y cámara. En el primer espacio, el personal de salud se lava las manos; se coloca la bata de material impermeable y manga larga, la mascarilla (N95 recomendada para médicos y enfermeras), gafas y guantes. En contexto​El domingo 26 de enero de 2020, el Ministerio de Salud informó que un ciudadano chino está en observación. Aún se espera conocer si tiene o no el nuevo coronavirus; la respuesta está en el Centro de Control de Atlanta. En diciembre empezó el brote en en Wuhan, China.

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