Crece la preocupación por asentamientos en Guayaquil

Era un grupo de 40 personas que ayer esperaba en el ingreso de la cooperativa Ciudad de Dios, en el noroeste de Guayaquil. El intenso sol no fue obstáculo para que adultos mayores, personas con discapacidad, niños, embarazadas y adultos hagan “plantonera” ante la supuesta llegada de militares que tienen orden de bloquear nuevos asentamientos.

A pocos metros del lugar, otras familias “paraban” sus casas. Al sitio ingresaban camiones con tablas de madera, caña guadúa, zinc, entre otros materiales para construir.

En ese sector, conocido como una zona reservada de seguridad debido a que por allí pasan los canales hídricos a San Vicente, Chongón y otros, ya viven decenas de personas.

Allí, una líder del grupo –que prefirió no identificarse– contó que piden la presencia de autoridades para resolver la situación. Ellos están reacios a salir. Ya el jueves, según ellos, fueron militares para sacarlos.

Ricardo Nicolalde, secretario de asentamientos humanos irregulares, precisó que existe prohibición de asentamientos por el bosque Papagayo y recordó que esa zona es centro de operaciones militares y por eso se custodia el sector.

Los moradores aducen que no existe vigilancia de militares, por ese motivo ellos han podido construir su casa.

Nicolalde explicó que hubo y hay resguardo y que se advierte a las personas de que no se pueden asentar en esa zona.

“Queremos evitar que vuelva como Monte Sinaí, que estos asentamientos se vuelvan un crecimiento desorganizado de la ciudad”, alertó.

Precisó que ellos tienen los registros de las personas que sí residieron por más de 4 años en la zona y quiénes quieren aprovechar a hacer su casa.

Ayer, la líder de la comunidad les pidió al grupo de personas que cuenten cómo han vivido más de seis años en el sector.

Sonia, de 40, salió con su madre de 78 años. Ella contó que vivía en Durán, y que al no poder pagar el arriendo llegó a ese sector a buscar un espacio.

“Yo no trabajo, tengo una niña de 8 años, mi mami de 78. Vivimos las tres. Y no salgo a trabajar porque es como tener a dos bebés, y mi hermano mayor me da para la comida”, expresó la mujer, quien ayer tenía aglomerados sus enseres en una casa de caña y plástico de 3×2 metros.

José Loor, residente de la Sergio Toral, dijo que tiene dos meses tratando de tener un espacio en esa zona.

“No tenemos casas, vivimos pagando un arriendo que no nos alcanza. Si el Estado tuviera un proyecto de vivienda aquí podríamos acceder, pero no nos dan nada. Pedimos un trocito de tierra. Nosotros compramos arena, bloques y hacemos nuestra casa”, expresó.

Karina Almeida, líder comunitaria de la zona, dijo que incluso fueron a Quito para entregar un pedido a la Presidencia para solucionar el tema.

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