Tradicionales sombreros de paja toquilla

Azogueñas tejen tradicionales sombreros de paja toquilla

En Azogues la marca Azohat nació de un grupo de mujeres que busca mantener esta tradición y recibir un precio justo.
Cuenca –

Aunque el tejido del sombrero de paja toquilla es una tradición que lleva más de un siglo en tierras cañaris y hasta se convirtió en una fuente de empleo muy importante, las manos productoras no se beneficiaron al mismo nivel que los grandes exportadores. Esa fue una de las reflexiones que más debate generó en el conversatorio ‘Presencia del tejido de paja toquilla en Azogues, su historia y situación actual’, realizado ayer en la capital cañari.

“No siempre la actividad del sombrero de la paja toquilla ha sido para beneficio de las familias toquilleras y, sobre todo, de las mujeres. Esa es una historia nunca dicha”, es lo que la socióloga Cecilia Méndez recalcó en su análisis porque lo que la historia cuenta sobre el tejido de paja toquilla es solo desde la perspectiva de las empresas exportadoras.

Mencionó que, aunque la exportación tuvo gran éxito en las décadas de los 30, 40 y 50 del siglo pasado, la riqueza solo la vieron los industriales. En esos años, por cada sombrero un intermediario les pagaba máximo seis sucres, pero al final los exportadores los vendían a Europa en 50 dólares, lo que las dejaba en una clara desventaja económica que limitó su progreso y el de su familia. “La diferencia entre este arte trabajado en la madrugada, con el candil de kerosene que finalmente les llevó a enfermarse de tuberculosis, llegó solo a las manos de ciertas familias pero no de los artesanos”, reiteró.

Con el paso de los años este arte se mantiene gracias a las hábiles manos femeninas que se asociaron para sacar su producto adelante. La Cooperativa de Producción Artesanal Puertas del Cielo y la Fundación Pérez Perasso son un ejemplo de esta superación.

Rosa Cadme, su gerenta, explicó en el conversatorio que esta iniciativa nació en la parroquia Guapán bajo la perspectiva de que sean ellas mismas las que elaboren, vendan hasta exporten los sombreros. Siguiendo una arraigada tradición, este anhelo tomó forma gracias a la mayoritaria presencia de mujeres. Nacieron con 48 socios (46 mujeres y 2 hombres) y en la actualidad son 104 (100 mujeres y 4 hombres).

Cadme relata que el camino no ha sido fácil y por su tenacidad la cooperativa ya cuenta con su marca propia denominada Azohat.

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